El misterio de las casas de colores. Parte 2ª.

Érase una vez un promotor de vivienda pública que sacó a concurso dos edificios que estaban uno al lado del otro.

Se trataba de dos edificios de aproximadamente 100 viviendas cada uno. Ambos de Vivienda con Protección Oficial.

Los proyectos contemplaban dos edificios de fachadas blancas con variaciones formales en las carpinterías de las ventanas y en la propia fachada. diferencia principal radicaba en sus distribuciones interiores.

Aunque el promotor era el mismo, la construcción de cada uno de los edificios constituía una obra en sí misma; Con su constructor y técnicos diferentes y que no se hablaban entre ellos. El promotor ya había dispuesto las visitas de obra en días diferentes para no hacerles coincidir.

 

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Cuando llegó el momento de construir los edificios simultániamente, a los dos arquitectos, llamémosles Manolo y Lucho, aún sin haber hablado entre ellos, se les ocurrió que podría ser interesante darle un toque de color al proyecto; O mejor aún, un toque multicolor.
El promotor mencionó el síndrome de la cobaya (ver artículo “El misterio de las casas de colores. Parte 1ª”), aduciendo que  al aplicar varios colores llamativos a las fachadas, los ocupantes podían llegar a percibir que sólo se hacían “experimentos en la casa del pobre”. Y que el usuario medio de éste tipo de vivienda era más bién de gustos clásicos y convencionales.

Los dos arquitectos a la vez, aún sin haber hablado entre ellos, no reconocían la posibilidad del fenómeno “las casas de colores” y aún menos el síndrome de la cobaya. Pero aún así sugirieron una variante: No dar colores a las fachadas pero sí a las carpinterías de aluminio de las ventanas. Cada ventana tendría 3 o 4 colores cada una.

El promotor, ante la petición idéntica pero por separado de Lucho y Manolo, les adujo dos inconvenientes:

El primero sería el precio de una ventana con carpinterías de diferentes colores. Al no ser de fabricación estándard costaría mucho más de lo que el presupuesto preveía, que eran unas carpinterías mono-color.

Por otro lado durante la vida útil del edificio, el vecino que necesitara cambiarse de carpintería de ventana, no encontraría recambio o sería muy caro y acabaría teniendo problemas con los vecinos si al final decidía poner una carpintería de cualquier otro color disponible en el mercado.

Ante las razones del promotor, y siempre por separado, Manolo dijo:

-Cada ventana será de un solo color, pero mezclaremos todos los colores aleatóriamente de manera que, si un vecino se cambia la carpintería por la de cualquier color, nadie lo notará.-

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Y Lucho dijo:

-Cada ventana será de un solo color, pero cada una de las 5 escaleras de vecinos estará agrupada por un color diferente-. De manera que pintó las ventanas de la escalera 1 granate, la 2  roja, la 3 verde, la 4 gris, y la 5 blanca.

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Finalmente, aunque nadie reconoció en ningún momento, la posible existencia del fenómeno misterioso de las casas con Protección Oficial de colores, la cuestión es que estas dos promociones, tampoco escaparon al hechizo…

 

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

 

 

 

 

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