Vivienda: Ilusión y sentido común

Empiezo mi blog profesional no con un artículo mio sinó con la transcripción de esta conferencia que el arquitecto Lluis Nadal Oller, impartió en la Escuela Superior de Arquitectura del Vallès, en la inauguración del curso 1999- 2000, porque me parece una buena manera de introducir a alguien en el tema de la vivienda social. 

-“Confieso que tras más de cuarenta años de ejercer de arquitecto, el tema de la vivienda social me atrae y me llena cada vez más. La razón es esta: inmune, por definición, a la retórica habitual en otros campos de la profesión, el roce a roce con les estímulos y determinaciones que mueven el mundo de este tipo de vivienda me hace sentir particularmente útil. No me desaniman sus limitaciones ni me resigno a aceptar que es un campo agotado donde todo está dicho y hecho. Consecuentemente, no quiero desaprovechar esta ocasión que esta exposición me brinda para transmitir la convicción que la vivienda de protección oficial no es en absoluto un tema menor, Que su vigencia es y será, por razones obvias, permanente. Que la oportunidad de contribuir con nuestro trabajo a satisfacer la aspiración legítima y universal de poseer un bien de primerísima necesidad como es una vivienda digna, que puede ser la más gratificante de toda una vida profesional. Que la idea de vulgaridad no se encuentra en el tema sino, en todo caso, en la actitud que preside su resolución.

Hace muchos años, apareció semanalmente en el diario La Vanguardia una columna, firmada por un arquitecto, que sugería soluciones concretas a los problemas emergentes de la ciudad. Las ideas, elementales y frescas, se reunían bajo el título Pequeñas soluciones para grandes problemas. Soy proclive a lo concreto más que a la especulación, de manera que, siguiendo un poco el espíritu de aquella columna, no extrañará que en el curso de este artículo aborde sin escrúpulos algunos de los aspectos considerados los más prosaicos de la vivienda, es decir, los temas que rechazan sistemáticamente los tratados de Arquitectura.

También debo advertir que lo que me propongo explicar se basa en el Estudio sobre la vivienda protegida elaborado entre 1995 y 1997 con los profesores Carles Fochs y Lluís Tobella – asistidos por 10 becarios del ETSAV- a instancia de la Direcció General d’Arquitectura i Habitatge. Un convenio entre la UPC y otras instituciones hizo viable el trabajo. Utilizaré indistintamente los términos: Vivienda de Protección Oficial (VPO), Vivienda Protegida y Vivienda Social. Las tres denominaciones se refieren, conviene recordarlo, a la vivienda que disfruta de ayudas económicas y fiscales preferentes, con la contrapartida de unas limitaciones muy estrictas en cuanto a superficie y precio, tanto si es de venta como si es de alquiler. Como es natural, el coste de la construcción se tienen que adaptar a las expectativas comerciales de la promoción, si es privada. La promoción pública- destinada, naturalmente, a los sectores más necesitados de la población- prescinde del lucro, y se realiza con dinero público, lo que comporta una disciplina económica muy estricta, con la añadidura de un control de calidad muy superior al de la promoción privada.

Una muestra de 146 ejemplos extraída del vaciado de los archivos de la Generalitat, y al a cual me referiré en más ocasiones, confirma lo que ya sabíamos: el mundo de la vivienda social es muy conservador, tan conservador que con esta excusa parece como si, por lo general, promotores y arquitectos nos encontráramos cómodamente instalados en la rutina y la inmovilidad más flagrantes. Independientemente del reflejo que empieza a tener la voluntad firme y manifiesta de la Administración catalana para remover este lastre, no es exagerado afirmar que, prácticamente hasta hoy, las VPO han sido “la Cenicienta” de la arquitectura debido, entre otros motivos, a la desconsideración hacia un público del que su aversión natural a las innovaciones no autoriza a presumir su rechazo a los cambios más imprescindibles por adaptar la vivienda a la evolución trepidante de las costumbres que nos afecta a todos, sin excepción.

En descargo de los arquitectos hay que decir que, cada vez más, nuestras viviendas- sobre todo las de promoción privada- vienen marcadas por las pautas dictadas por los comerciales de las inmobiliarias, lo que quiere decir: inspiradas por el mercantilismo más vasto. Lo cierto es que tanto la banalidad y cursilería de materiales y acabados como la distribución laberíntica de muchas viviendas sociales son la consecuencia directa de la pretensión de reproducir en barato y en miniatura los “pisos” de la burguesía. En este sentido resulta incomprensible, por ejemplo, que el número de dormitorios, por pequeños que sean, represente todavía el parámetro definitorio de la categoría de una vivienda, cuando es lo suficiente conocida la mengua espectacular de la natalidad en Catalunya. Todo este estado de cosas provoca diferencias sustanciales entre la vivienda en nuestro país y también en los países de costumbres más evolucionadas y desinhibidas.

Para ilustrar estas diferencias comparamos dos plantas:

figura 1 y figura 2

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La primera (fig. 1) corresponde a un edificio de Alvar Aalto (1966). Su simplicidad y claridad extremas se encuentran íntimamente relacionadas con su orden geométrico y estructural. Independientemente del cuerpo lineal que contiene el vestíbulo, el baño y la cocina, la vivenda se compone de seis módulos cuadrados de 3,5 m. de lado, en correspondencia con el comedor, la terraza, dos dormitorios y la sala (2 módulos), dispuesta en el centro de gravedad de la composición. La elementalidad – más aparente que real- y “la economía” de la distribución de Aalto- la sala actúa como un gran distribuidor- no excluyen las sutilezas inherentes al confort funcional y visual que son propios de la casa nórdica. Cabe notar en este sentido: las proporciones y regularidad de los locales; la utilización muy inteligente del único espacio de circulación, el vestíbulo, como un generoso local de almacenamiento; la compleja relación del conjunto cocina office- comedor así como la forma, dimensiones y situación de la terraza, concebida como un aposento destinado a propiciar la vida de cara al exterior y la aproximación a la naturaleza.

La segunda planta (fig. 2) corresponde a un edificio VPO (año 1986). Con independencia de la calidad específica- que no quiero juzgar- de su diseño (disposición de pilares, dimensiones y geometría de las piezas, etc.) la exagerada fragmentación de esta planta, excesivamente deudora de la zonificación más estricta, revela unos hábitos sociales y proyectuales absolutamente acríticos y radicalmente opuestos a los que informan el ejemplo anterior. Aprovecho para precisar que zonificación significa autonomía de la zona de noche (dormitorios y baños) en relación a la zona de día (sala- comedor y cocina).

Esta planta ilustra también dos características muy típicas de la vivienda social: El lavadero y el tendedero ante la cocina, y la relación cocina- comedor interferida por el vestíbulo. Trataré estos dos temas en detalle.

En cualquier caso, para concluir con los dos ejemplos expuestos, es fácil imaginar la perplejidad de una familia finlandesa ante la posibilidad de ocupar una vivienda tan torturada y rellena de puertas como la de la figura 2 y, recíprocamente, el rechazo que provocaría a un comprador de los nuestros la promiscuidad estar- dormitorios e, incluso, la frontalidad del baño en la planta de A. Aalto.

Evidentemente, el carácter reductivo de la comparación entre dos casos extremos no faculta para extraer conclusiones que vayan más allá de contrastar dos concepciones antitéticas de la vivienda ni, tampoco, para atribuir a la normativa las deficiencias de muchas VPO, porque la normativa define el programa funcional y las superficies mínimas de los locales en relación al número de ocupantes, pero nunca prefigura cuál debe ser la distribución de la vivienda. Corresponde al proyectista valorar en cada caso cuáles son los topes razonables de la zonificación para poder administrar sabiamente el espacio disponible en función de una jerarquía de valores basada en el funcionalismo, el confort espacial y visual y una cierta dosis de ambigüedad.

Acabo de referirme a la ambigüedad y al confort visual. Ilustraré estos conceptos mediante uno de los escasos ejemplos de viviendas con sólo dos dormitorios.

figura 3

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Por ambigüedad entiendo una cierta indefinición de los topes entre locales vecinos. Véase, en el caso de la figura 3, la continuidad de los espacios de la vivienda alrededor del baño, que ocupa el centro de gravedad de la planta. Esta continuidad se encuentra potenciada por al sustitución, en los dormitorios, de dos puertas convencionales por otras dos más grandes y correderas así como la inexistencia de una puerta – innecesaria- entre la cocina y el comedor- estar.

Estas particularidades posibilitan la ampliación de las visuales en el interior de la vivienda. Esto es lo que entiendo por confort visual: la pérdida de la referencia de las medidas concretas de cada uno de los ámbitos, a través de la percepción simultánea, o bien secuencial, de la pluralidad. Este recurso procura la sensación muy agradable de más amplitud que la que se tendría a través de la percepción de cada una de las piezas consideradas aisladamente. En definitiva, el objetivo es evitar a la vivienda social las connotaciones de “las casas baratas”.

Muy relacionado con el confort funcional y visual, esta planta presenta también el concepto de doble circulación, esto es, la existencia de itinerarios alternativos para llegar al mismo sitio.
Señalo, de paso, la “neutralidad” de los pilares en la configuración de los espacios de la vivienda así como, independientemente de su funcionalidad, la eficacia del armario dispuesto en cada una de las terrazas para evitar la promiscuidad entre los vecinos, como sucede con mucha frecuencia.

Antes he hecho una breve alusión al binomio lavadero- tendedero. Me detengo a considerar el tema porque verán que no es ninguna nimiedad. Estas dos partes del programa, caracterizadas generalmente por su proximidad, son las más difíciles de solucionar en las VPO.- sobre todo con respecto al tendedero- y las más maltratadas en la mayoría de proyectos de la muestra. Tal y como se plantea actualmente, tengo que decir que el tema no puede tener una solución absolutamente satisfactoria. La dificultad proviene, por una parte, de la necesidad imperiosa, mandada por la ordenanza, de contemplar la resolución individualmente (es decir, separadamente para cada una de las viviendas) y, por el otro, la imposibilidad- hoy por hoy- de sustituir, también en cada caso, el tendedero por la “centrifugadora”. Probablemente, también la rémora del individualismo más o menos justificado por las condiciones socio- económicas de los destinatarios de las VPO impide encarar el tema con el realismo indispensable para buscar alternativas a la situación actual. En cualquier caso, si aquellas condiciones son tan determinantes que excluyen la previsión de una instalación colectiva (dentro del propio edificio) destinada a lavar y secar la ropa, o bien, la dotación individualizada de la centrifugadora, lo que sí se impone es el análisis de lo que sucede con relación al binomio lavadero- tendedero.

En síntesis, la dispersión detectada en la muestra en cuanto a la situación del lavadero y del tendedero y en las características de este último así como su incidencia en el resto de componentes de la vivienda, viene reflejada cuantitativamente en el cuadro:

figura 4

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De las particularidades del cuadro y su relación numérica es oportuno señalar estos extremos:

1. Resulta agobiante la tendencia a incorporar el lavadero dentro de una galería- tendedero permanentemente ventilada (columa 4), lo que comporta la incomodidad de lavar prácticamente en el exterior. El número de lavaderos y máquinas ubicados en el interior de la cocina (columna 2) confirma la tolerancia progresiva a despreciar la conveniencia de separar la ropa de los alimentos, tal y como mandan los principios más elementales de de la higiene y la normativa. A consecuencia de las dos situaciones anteriores, son insignificantes los ejemplos de lavaderos dispuestos en un local independiente o en un anexo de la cocina (columnas 1 y 3). Todavía lo es más el caso, único en toda la muestra, de su incorporación al baño (columna 5).

2. Compruébese también la importancia de las afectaciones frontales sobre varias piezas de la vivienda y sobre la cocina, en particular, con el 33 % de la muestra (columnas 14 y 20). Aunque el cuadro no puede reflejar la superficie de cada una de las galerías, lo cierto es que su extremada exigüidad, en la mayoría de casos, es incompatible con su uso y es tan incomprensible la pretensión de hacerlas pasar como tendedero, como la permisividad que las ampara para su aceptación. Esta negligencia muy acusada en la resolución de la galería contrasta notoriamente con el esfuerzo por verter sobre su cierre la imaginación más desbordada.

3. La presencia bastante escasa de tenderos vinculados directamente a un patio interior (columna 8) corrobora el descrédito creciente del patio de luces tradicional y el éxito del planeamiento obstinado en su extinción.

Otro tema a considerar es la relación entre los sistemas de agregación de las unidades de vivienda y la profundidad edificable. La profundidad del edificio y la superficie de las viviendas influyen decisivamente en su agrupación. Sin ir más lejos, la incompatibilidad manifiesta entre aquella profundidad y la demanda de viviendas de superficie muy inferior a las tradicionales es l que explica la aparición imprevista y relativamente reciente de agrupaciones de cuatro viviendas por rellano en el Eixample de Barcelona, contradiciendo uno de los atributos esenciales del Plan de Cerdà, como es la doble orientación. En el caso de las VPO, la profundidad de 15 m, por ejemplo, aún siendo idónea para garaje, todos sabemos que, en la práctica, resulta excesiva de cara a disponer sólo de dos viviendas por rellano (2 HR) gire alrededor de los 12 m. Esta disposición acostumbra a prescindir del patio, y prefigura casi siempre un bloque lineal de viviendas con doble orientación y un número de escaleras y ascensores igual en medio de las unidades contenidas en la planta tipo del edificio. Presienta las mejores condiciones en cuanto a iluminación y ventilación y disponibilidad de la escalera y el ascensor, si bien presenta, a la vez, inconvenientes de orden económico: mucha superficie de fachada y una repercusión del coste del ascensor- y, eventualmente, de la escalera y los espacios comunes- superior a la de todos los otros sistemas de agrupación.

Sin el auxilio del patio, uno de los aspectos más significativos de la configuración tipológica de las agrupaciones 2 HR es la proyección de la cocina sobre una de las dos fachadas de la vivienda, con la particularidad de que el atractivo innegable de su contacto con el exterior se encuentra demasiado a menudo hipotecado por la interposición del lavadero y el tendedero. Otra característica largamente confirmada en la muestra es el hábito de conectar directamente la cocina y el recibidor. En relación a este vínculo hay que distinguir dos variantes. En la primera (fig. 5), la cocina y la sala- comedor se encuentran en fachadas encontradas, de forma que la interferencia inevitable del recibidor impide la relación directa entre ambos locales, contradiciendo una de las primeras condiciones para el confort funcional de la vivienda.

figura 5

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Creo que la proliferación de cocinas con un rinconcito insignificante para comer patentiza la mala conciencia que el aislamiento de la cocina provoca al proyectista. En cualquier caso, es evidente que el dibujo de una mesita auxiliar en la cocina no puede suplir al comedor propiamente dicho, y que es un contrasentido la previsión, como acaba sucendiendo, de dos ámbitos destinados a la misma función, atendiendo la limitación de superficie de la vivienda social.

figura 6

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A la segunda variante (fig. 6), la contigüidad entre la cocina y la sala- comedor faculta, obviamente, su conexión. Persisten, aun así, los mismos inconvenientes de antes con respecto a la visión inoportuna de las interioridades de la cocina al acceder a la casa, y con respecto a la situación de la galería- tendedero. Otro inconveniente común en las dos variantes, es la rigidez dimensional de la cocina, esto es, la imposibilidad que tiene para expandirse mediante la invasión de perímetros ajenos y contiguos.

 

 

 

 

 

figura 7

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Para comprender mejor este último concepto observamos, por ejemplo (fig. 7), las ventajas de haber trasladado la cocina al fondo de la vivienda, en vez de situarla- siguiendo la costumbre- en el sitio de la habitación que se encuentra contiguo al recibidor y la sala. La deducción de esta comparación es concluyente: con la apropiación de un extremo del pasillo, la diferencia de profundidad entre los ámbitos disponibles, en los dos supuestos, para el conjunto cocina- lavadero, equivale a la profundidad del recibidor. Además, es evidente que, de cara a perfilar el anexo- tan útil- para la ropa, la vecindad de los baños es mucho más dúctil que el de la sala- comedor. Me reservo para más tarde la oportunidad de añadir un nuevo ingrediente a la opción de alejar la cocina de la entrada a la casa, y paso inmediatamente a considerar las agrupaciones de cuatro viviendas por rellano (4HR).

En consideración a la economía de la obra, prospera la idea de reunir cuatro viviendas alrededor de una escalera, de forma que cada una dispone sólo de una fachada. En la muestra figuran 37 agrupaciones de este tipo, esto es el 25% de la totalidad. Se encuentran en edificios de profundidad comprendida entre 12 y 33 metros. Esta dispersión enorme provoca una gran variedad de tipo de vivienda. Sólo comentaré los casos comprendidos entre los 12 y 15 metros, porque estos son los que abundan cada vez más, pese a sus limitaciones extraordinarias en relación a la configuración de la vivienda. En este sentido, es evidente que las opciones tipológicas disminuyen drásticamente conforme aumenta la estrechez del edificio.
Empiezo por el caso peor, es decir, cuando el edificio se mueve entre 12 y 13m. de profundidad. Como es natural, las viviendas resultantes de las mencionadas agrupaciones prescinden del patio y son todos muy parecidos porque su distribución ofrece, en síntesis, sólo dos opciones caracterizadas, respectivamente, por la situación de proximidad o de alejamiento de la cocina y/o la sala- comedor con relación al recibidor.

figura 8 y figura 9

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El primer caso (fig. 8) presenta, regularmente, el paso del recibidor a los dormitorios a través de la sala- comedor.

En el segundo (fig. 9), a cambio, el acceso a la sala obliga a circular por la zona de noche. Como es visible en los dos ejemplos, la linealidad de las viviendas, provocada por una profundidad escasísima (6 m. aproximadamente) Así como el desplazamiento de la entrada en un vértice de la vivienda, llevan a un alienamiento muy primario de las piezas y al protagonismo creciente del pasillo, conforme aumenta el número de dormitorios.

La ventilación cruzada, la doble circulación, la zonificación, la secuencia espacial, etc. Son valores ajenos a unas tipologías de vivienda que ejemplifican, mejor que ningunas otras, un caso flagrante de incompatibilidad entre el edificio y su sistema de agregación. Para más inri, casi siempre la única condición que se tiene en cuenta en la adopción de este modelo es la orientación Norte-Sur del eje longitudinal o principal del edificio, ignorando incomprensiblemente las pésimas condiciones de habitabilidad de una vivienda expuesta exclusivamente al sol de poniente. Puestos a opinar, probablemente seriamos muchos quienes, ante la disyuntiva de una orientación única, preferiríamos el Norte al Oeste.

Se puede decir que hasta 15 metros de profundidad persisten, con pequeñas variantes, los modelos que acabo de comentar. A cambio, a los 15 metros aparece casi siempre la cocina vinculada a un patio de ventilación. La introducción del patio supone un cambio tipológico sustancial, porque permite liberar la fachada de la incidencia de la cocina y el tendedero, y cultivar una distribución más compleja y atractiva.

figura 10

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No siempre es así porque, por ejemplo en el caso de la (fig. 10), la obsesión por la relación directa entre el recibidor y la cocina derrocha, como vemos, las expectativas de mejora de los modelos anteriores.

 

 

 

 

 

 

 

 

figura 11 y figura 12

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Una solución más lógica (fig. 11), es la que traslada la cocina y el lavadero al patio –en este caso en un local aparte- pero, aparte de estas mejoras la vivienda sigue siendo muy convencional porque mantiene el esquema basado en la disposición de una hilera de locales a ambos lados de un pasillo central.

Vemos a continuación, y a partir de la misma profundidad (15m. el edificio; 7,5 m. la vivienda) la posibilidad de romper y mejorar los esquemas anteriores (fig. 12). La planta de la vivienda de tres dormitorios se compone básicamente de dos rectángulos: el primero, tocando la línea de calle, contiene los dormitorios; el perímetro del segundo, retranqueado respecto de la fachada, presenta un ángulo afectado por la geometría del patio e incluye el resto del programa. Una gran apertura remarca la singularidad de la afectación, mientras en el extremo encontrado de la diagonal del mismo rectángulo otra apertura equivalente arroja el espacio a la calle a través de la terraza. El baño, el local para el lavadero y el azulejo de la cocina forman un todo muy compacto que configura la siguiente centralidad: A un lado y en contacto con la entrada, la sala- comedor y, al otro lado, un espacio auxiliar- polivalente- en contacto con el patio. La autonomía del bloque de servicios, al entregar todo el perímetro del rectángulo, posibilita además la doble circulación entre el espacio principal y el auxiliar.

El atractivo innegable de una planta tan simple avala la conclusión que vale la pena fomentar la idea de prescindir de las agrupaciones de 4 HR cuando la profundidad del edificio es inferior a 15 metros.

Habiendo comprobado las ventajas de la introducción del patio a las agrupaciones de 4 HR, es hora de comprobar, como he anunciado antes, si el mismo ingrediente también beneficia a las agrupaciones de 2 HR. En este sentido, todos sabemos que, con independencia de su función específica (iluminación y ventilación), el patio ha pasado a ser el sitio ideal para el paso de las numerosas columnas de instalaciones, las propias de la vivienda y las ajenas, como por ejemplo los conductos de extracción del garaje y de los locales comerciales. También permite arrancar de la fachada del edificio el lavadero y el tendero.

Desligadas del concepto de habitabilidad, estas funciones reclaman y prefiguran la necesidad de un “patio de servicios” cuya virtud principal es, como veremos, su desvinculación de la Normativa, y en consecuencia, el carácter discrecional de sus medidas.

El sentido utilitario y simultáneamente la eficacia incontestable del “patio de servicios” en la configuración de la planta de la vivienda son razones de suficiente peso para preconizar, contra la opinión general, su inclusión en los edificios de baja profundidad, es decir, en las agrupaciones 2 HR.

La muestra refleja, en efecto, como la presencia del patio en las mencionadas agrupaciones no pasa de ser esporádica. Sólo figuran 4 casos.

 

figura 13 y figura 14

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El representado en la fig. 13, presenta un excelente esquema distributivo donde resultan impecables la zonificación, la relación cocina- comedor, la forma y dimensiones de la sala, la regularidad y uniformidad de los dormitorios, la doble circulación a través de la cocina y la concentración de servicios. Sin embargo, la planta presenta un inconveniente grave: la inclusión, incorregible y sin paliativos, del lavadero en la cocina. La causa inmediata de este defecto es el carácter rigurosamente interior de la cocina, lo que obliga al patio a satisfacer los parámetros dimensionales fijados por la ordenanza, lo que a su vez resulta desproporcionado en relación a la profundidad ( 12 m.) del edificio. Consecuentemente, la corrección de aquel defecto exige prescindir de los mencionados parámetros en consideración a la posibilidad que el patio sea, al menos nominalmente, de servicios.

El ejercicio de la fig. 14, ilustra aquella posibilidad con el recurso a una cocina- comedor privilegiada por la ventilación cruzada, abierta “oficialmente” a la fachada del edificio a través del comedor y, “gratuitamente” porque la “legalidad” de la cocina es ajena a su proyección al patio. Partiendo de esta concepción y de manera casi automática, el desplazamiento de la cocina, al dar la espalda al patio, entrega el espacio idóneo para el lavadero, situado estratégicamente entre la propia cocina y los dormitorios. Esta solución se acerca mucho, opino, a un modelo ideal de vivienda, no sólo por la claridad y rigor de la distribución sino, también, por la naturalidad de la concatenación de los diferentes ámbitos, generada, una vez más, por la centralidad de los baños y la doble circulación a través de la cocina. Puestos a buscar alguna objeción, no ignoro que la vivienda todavía sería mejor si contara con un local de almacenamiento.

 

 

figura 15

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Un caso real inspirado en los mismos principios del ejercicio que acabo de comentar es la planta perteneciente a un bloque en construcción en Gavà (fig 15).

Seguramente han observado que, para ilustrar mis criterios sobre las agrupaciones de 2 HR, me he servido de unas plantas la superficie –fuerza grande- de las cuales contradicen la tendencia de la promoción pública a construir unas viviendas más pequeñas, a cambio de mejorar la construcción impulsando su evolución tecnológica. La promoción privada no comparte los mismos objetivos.
Evidentemente, la reducción dimensional de la vivienda se lleva a cabo en perjuicio de la complejidad de su organización, cosa que comporta la imposibilidad de atender, en toda su extensión, los criterios de calidad que he expuesto reitereadamente. En cualquier caso, la renuncia, dolorosa pero inevitable, de determinados atributos no justifica el abandono de la actitud de rebeldía contra la aceptación acrítica de los modelos más convencionales.

Las limitaciones inherentes a la vivienda de superficie relativamente escasa aparecen reflejadas en la figura 16. Persisten, como se ve, la vinculación de la cocina y el lavadero a un patio de servicios, pero la misma simplicidad de la planta obliga a prescindir de la doble circulación e, incluso, a aislar un dormitorio a un lado de la sala, lo que actúa como si fuese el distribuidor de la casa, con el objeto de reducir al mínimo posible el espacio que es estrictamente de paso.

Finalmente, con la imagen (fig. 17) de la combinación cocina- comedor- sala que inspiró alguna de las propuestas comentadas aquí, cierro el artículo con la esperanza de que este texto haya resultado mínimamente útil. No tanto por los criterios expuestos- necesariamente subjetivos y, por lo tanto discutibles- como para comprender que nada es negligible; que la desazón y la insatisfacción son connaturales al trabajo del arquitecto y que, en definitiva, los mejores antídotos contra el escepticismo y la rutina son: el rigor, la ilusión y el sentido común. Sólo con esta actitud se conseguirá personalizar el trabajo del arquitecto y darle sentido.”

figura 16 y figura 17

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